Jóvenes y pandemia: ¿culpables o inocentes?

Francisco Cánovas / web «salesianos.edu»

Casi sin darnos cuenta nos hemos plantado en el 2021 después de haber vivido un incierto inicio de curso. Es verdad que la incertidumbre no ha desaparecido, pero el inicio de la distribución de la vacuna es una señal del esfuerzo que toda la sociedad está haciendo para salir adelante.

Por desgracia, no resultan aislados los comentarios que apuntan hacia los jóvenes como principales responsables de los repuntes en los contagios. Algunas administraciones locales y regionales, preocupadas por este estigma social, están elaborando campañas para contrarrestar la proliferación de estas opiniones que no son del todo ciertas.

¿Cuál es la visión salesiana de esta cuestión?

Lo primero que hay que considerar es que hablar de la juventud o de los jóvenes, así, en general, es caer en el error de pensar que todos los jóvenes son iguales, cuando la realidad es muy variopinta. La segunda cuestión para tener en cuenta es que la juventud no es ningún fenómeno social diferente al que encontramos en nuestro entorno, es decir, que los jóvenes son reflejo de lo que ya hay en la sociedad. No es difícil realizar un ejercicio de hemeroteca de los últimos meses y comprobar la cantidad de adultos, incluso de responsables políticos (que no políticos responsables), que no han seguido las medidas de higiene y protección impuestas para frenar el avance de la pandemia.

El tercer elemento por considerar, y el más importante, es conocer y reconocer la inmensa cantidad de jóvenes comprometidos desde el principio para ser una parte de la solución. Podemos pensar en jóvenes científicos e investigadores que, con sueldos mediocres, ponen sus cualidades al servicio del avance de la ciencia para procurar mayor bienestar a las personas; podemos pensar en tantísimos jóvenes que pertenecen al ámbito sanitario, dedicando horas sin descanso en atender a personas afectadas por el virus y a sus familiares. ¿Qué hay de esa juventud voluntaria? ¿Somos conscientes de la cantidad de jóvenes que han participado de manera altruista en dispositivos de emergencia para trasladar alimentos y productos de higiene a miles de familias con necesidad? En no pocos lugares, los jóvenes se han implicado en programas de atención a las personas mayores, realizando llamadas telefónicas para llevar a cabo el seguimiento a tantos mayores que viven solos o están en residencias.

¿Y qué hay de aquellos jóvenes que han continuado haciendo lo que hacían antes de la pandemia? Los jóvenes y animadores del Movimiento Juvenil Salesiano, por ejemplo, han puesto de manifiesto el optimismo, alegría y creatividad propias de nuestro carisma para generar espacios seguros para niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Las personas podíamos estar confinadas, pero la educación y la evangelización no pueden ser encerradas. El ejercicio de la ciudadanía y la defensa de los derechos de la infancia no pueden estar aparcados en estos momentos, especialmente en un país como el nuestro, donde se legisló para que las mascotas pudieran salir a la calle antes que aplicar medidas específicas para evitar el deterioro físico, mental y social de nuestra infancia y juventud.

La visión salesiana de la realidad nos compromete a dar más soluciones que generar problemas. Nos compromete a estar al lado de esa cantidad inmensa de jóvenes que ponen al servicio de nuestra sociedad sus talentos, para juntos salir más fuertes y mejores personas. Nos compromete, en definitiva, a ser faros de optimismo y esperanza entre tanta incertidumbre y oscuridad, como aquellos jóvenes que, si abrimos bien los ojos, descubrimos a nuestro alrededor

 

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